Blog Hop, macro del día: 23E

La semana pasada falté a lo que hasta ahora ha sido mi habitual de los jueves, para unirme a la #decopedia, a pesar de que me sentía un poco traidora hay que decir que la iniciativa ha sido un exitazo. Con mi post de hoy hago honor a la fotografía pero cambio las macros por unas fotos de paisaje que, en concreto, significan mucho para mí.
Encima para colmo traigo un post sensiblero y triste, así que si tienes un mal día, estas con el síndrome premenstrual, eres de esas personas a las todo les resulta lacrimógeno o eres sin más de lágrima fácil, mejor no sigas leyendo, alégrate el día con una de mis recetas dulces o busca por el blog algún consejillo que te sirva para la decoración de tu casa.



Siempre he sido bastante aficionada bastante aficiona a escribir cositas, relatos cortos, incluso tengo empezado y aparcado un libro de literatura épica fantástica -mi favorita- desde hace años. Lo que traigo hoy acompañando las fotos no recuerdo si lo escribí hace 8 o 7 años pero si recuerdo las circunstancias que me llevaron a hacerlo.
Las fotos pertenecen a la cala del Portichol en Jávea y es aquí en estas aguas donde descansan las cenizas de mi padre, el lugar perfecto donde realizar su gran pasión, el buceo, y donde yo le he acompañado multitud de veces. Todavía me acuerdo de una con unos 18 años una vez en la que había salido de fiesta la noche anterior y a pesar de que mi padre insistió en que me quedase en casa yo me cogí los bártulos y al agua. Al poco rato de entrar al agua acabé encaramándome a una de las rocas que hay en los acantilados de Cabo La Nao para pasar la resaca y achicharrarme al sol. Diría que esta fue la última vez que salí a bucear con mi él y también, la última vez que salí a bucear, la edad y la vida me hicieron dejar de practicar el buceo. Ahora, sin la seguridad de tenerle a mi lado dentro del agua, ya no es lo mismo así que mejor me quedo donde no cubra.
Supongo que quien más o quien menos ha perdido ya, por desgracia, a estas alturas alguien cercano, es ley de vida, pero es que a mí, no me gustan estas leyes de la vida. Nos dejó con 53 años y con toda una vida por delante. Ahora estaría ya prejubilado y disfrutando de su familia que era lo que más amaba en este mundo. Naia se habría convertido en su pasión y en estas fechas me llamaría sólo para decirme: “Abriga a la niña que hace frío”.

Este es mi pequeño recordatorio hacia él, hoy hace 9 años que nos dejó, hoy hace 9 años que nuestra vida cambió para siempre.

TE QUIERO.




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12 comentarios
  1. Love
    Love Dice:

    Sara…sé completamente lo que sientes …al relatar esa noche de hospital me has recordado a mi padre…que falleció en circunstancias parecidas…..no he podido evitar pensar en él y ahora las lágrimas están en mi cara…sé que nos avisaste ….pero es bueno recordarle ….él está con nosotras Sara en nuestro corazón y le queremos muchísimo.
    Ahora cada vez que vaya a Jávea me acordaré de ti (vivo a 40 km de ahí)…
    Desde aqui te mando un fuerte abrazo y seguro que tu padre hoy también pensará en vosotros y agradecerá este bonito post que le has hecho con tus bonitas palabras.
    Beso,
    Sofie

    Responder
  2. RuthSMac.
    RuthSMac. Dice:

    Se que sobre aviso no hay engaño, se me hizo un nudo en la garganta…me hiciste recordar la ultima mañana de vida de mi padre, que aunque fue una triste despedida, se también que ningún adios es para siempre.

    Un abrazo xx

    Responder
  3. Hampton SC
    Hampton SC Dice:

    Pues mira, no soy de lágrima fácil, Sara, pero la pérdida de un ser querido tan importante en la vida de uno y tu manera de contárnoslo me ha puesto los ojos vidrioso y, si no fuera porque estoy en la biblioteca trabajando (apertura extraordinaria por exámenes) hubiera echado más de una lágrima.
    Yo tampoco acepto esas leyes crueles de la vida: 53 años (yo he cumplido 50) y unos hijos que pierden uno de los referentes principales de su existencia tan jóvenes no es nada justo..
    Besazos

    Responder

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