NISCALEANDO

Hace unas semanas fuimos al
pueblo. Allí es todo diferente, sales de casa y ya estás a pie de calle. Das
dos pasos y estas en la Era. Unos pocos más y llegas al primer pinar, donde el
aire cortante de invierno  se para y solo
se oye su susurro amortiguado por los pinos. Es entonces cuando necesitas
bajarte la cremallera del polar para ventilar un poco después de la subidita de
la Era (y es que algunas lo que se dice forma física 0).

Es un gustito alargar la
sobremesa junto al fuego y es que da una pereza enorme mover el trasero de la
silla, así que con un chupito o algo parecido (yo prefiero mis mojitos caseros
pero ha estas alturas de la temporada los últimos brotes de hierbabuena ya han
desaparecido) te dedicas a arreglar lo que no tiene arreglo,
el país.

De vez en cuando echas un
vistacito al reloj ya  que en el pueblo
Naia se echa unos siestones de campeonato.
No sé cómo aparece la palabra
NISCALO en la conversación, no es ninguna novedad porque mis suegros son unos
seteros incondicionales, no digamos mi suegra que vive soñando con setas y cada
hueco que le permite el día se escapa con su mini cesta a por setas. Así pues
en temporada es conversación obligada. Este año nos hemos perdido lo mejor, por
lo menos para mí, porque a diferencia de otros años han salido los boletus de
otoño, bonitos y perfectos, han llegado a coger uno de 1.200kg pena de cámara
para atestiguarlo y más aún, pena que me lo perdí. El caso es que para cuando
hemos ido, entre que ya ha nevado y que a pesar de que en general este ha sido
un buen año de níscalos, en el pueblo no han salido muchos. El caso es que de
repente nos levantamos  accionados por un
resorte y en un abrir y cerrar de ojos ya estamos todos subiendo al todoterreno
en busca del níscalo deseado.

Es tarde, casi las cinco, hay que
darse prisa porque en breve va anochecer. Vamos a un pinar de los nuevos, me
refiero a que tiene pocos años, allí los pinos son jóvenes y bajitos, tienes
que agacharte para rebuscar y poder moverte entre ellos, de forma que me
encasqueto el choto para evitar accidentes aciculeros, aun así cuando llegas a
casa te sacas acículas por todos lados.

Y ahí en las primeras bancadas,
aparecen, la mayoría son nuevos además la zona está más que mirada y encuentras
tallos cortados por todas partes. Es una gozada verlos varios juntos con su
sombrerito naranja esperándome allí, a que yo llegue cuchillo en mano, con
cuidado retiras la hierba para acceder a su tallo y cortarlo, no hay que quitar
desde la tierra porque entonces se rompería la cadena.  Muchos de ellos están ocultos bajos los restos
de nieve. Pena de fotos, mi falta de experiencia hace que no me dedique a
fotografiar todo lo que merece la pena mostraros.
No cogimos muchos, porque no
había y porque rápidamente se hacía de noche pero si que tengo unos pocos para
mostraros alguna que otra recetilla con ellos.

He de apuntaros una cosa respecto
a las setas, yo no soy una experta setera pero sí los que me acompañan, el
hecho de coger setas puede ser un juego pero no comerlas. Todos los años cuando
llega la temporada todos los años leemos en los periódicos sobre las
intoxicaciones e incluso muertes que la inexperiencia provoca, así que teniendo en cuenta todo lo que hoy en día nuestro frutero de confianza nos puede ofrecer lo mejor es no arriesgar y dejar que el nos provea.
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